La llegada del Ratón Pérez, aquel personaje que deja días en vilo a los más chicos, es sinónimo de que una etapa se va cerrando al cambiar los dientes de leche por los definitivos, pero también lo es de reconocimiento, dado que implica un intercambio donde se premia el buen trabajo del niño en su cuidado bucal a través de una pequeña suma de dinero.
Días atrás, se viralizó en Twitter una carta firmada por esta popular celebridad infantil -o eso nos gustaría creer- en la que le explica a una niña las razones por las cuales no podía llevarse la pieza dental.
“Quiero disculparme por no llevarme tu diente, fue analizado por el equipo de expertos y no pasó la prueba debido a la falta de atención y de cuidados”, reza el mensaje y deja un consejo: “te recomendamos lavarte los dientes tres veces al día y que utilices la técnica de cepillado dental”. La publicación causó revuelo rápidamente y enfrentó las opiniones de padres sobre la formas de educar a los más chicos. Aquí surgen las dudas: ¿cómo generamos hábitos saludables de una forma amigable?.
Lo importante es recordar una máxima: la sonrisa de un niño no tiene precio. Nada vale más que verlos divertirse y escuchar sus carcajadas, pero para que todo eso suceda debe existir algo fundamental: salud. En diálogo con LA GACETA, especialistas brindan recomendaciones y advierten sobre las consecuencias de no mantener un cuidado adecuado en esta etapa.
“Para que una práctica se haga un hábito es importante mantenerla en el tiempo, por eso recomiendo iniciar con el cepillado en familia cuando aparece el primer diente (alrededor de los seis meses). Es decir, hacerlo todos juntos en un horario específico, recordando que es algo buena para la salud. No tiene que ser impuesto ni obligado, sino ameno para todos”, explica la odontopediatra María Ruiz Campos.
Combatir miedos
El primer paso es amigarse con la idea de visitar al odontólogo. En la mayoría de los casos, advierten los especialistas, los niños asisten a la cita angustiados y temerosos debido a que en los hogares se suele relacionar al profesional con “alguien que te va a hacer doler”, señala la odontopediatra Ana Belén Iturre.
“Los chicos tienen que saber que no es un castigo. Muchos llegan con miedo al torno, pero no saben ni lo que es, eso se debe a que los padres les dicen estas cosas. En cambio, si se les explica que es algo que no duele y que hace bien, ellos lo entienden”, agrega.
Las consecuencias
La recomendación médica es asistir al dentista cada seis meses, pero, idealmente, se puede hacerlo de forma más regular para verificar que todo esté en orden.
“Quienes son más propensos a caries, deberían ir cada tres meses. Esto es importante para controlar si hay dientes flojos, si vienen otros nuevos y de paso se mantiene este buen hábito”, señala Campos.
Producto de la pandemia, ese plan no pudo concretarse como siempre, por el contrario, se evidenció un gran deterioro de la salud bucodental.
“Recibí muchas más consultas y vi casos más graves después de la cuarentena. La gente dejó de ir al dentista y las caries que no fueron tratadas a tiempo avanzaron rápidamente a cuadros graves. En niños, esto se da más rápido aún, terminé haciendo tratamiento pulpares, que son mucho más invasivos, en niños de tres años”, alerta Iturre.
Por su parte, la odontóloga Sofía Leiva explica que el diente de un niño, a diferencia del de un adulto, tiene mucho más componente orgánico, razón por la cual son más vulnerables. “La carie, que se alimenta de estos componentes, lo hace mucho más rápido cuando no hay un hábito de higiene. Así, se va acumulando la placa bacteriana, la carie avanza y en poco tiempo podemos terminar con un flemón”, indica.
La técnica correcta
Lo que se aconseja es acompañar a los chicos a cepillarse los dientes dos veces al día durante, al menos, un minuto. Pero ¿cómo enseñarles la forma adecuada? Iturre recuerda los pasos básicos.
Primero hay que levantar el labio superior y colocar el cepillo a 45º para realizar movimientos de adelante hacia atrás, cepillando las caras externas de los dientes. Luego, hay que pasar a las superficies oclusales -con las que masticamos- superiores e inferiores, pasando por las internas de cada diente. Finalmente, hay que verificar que hayan quedado limpias las superficies internas inferiores - las que miran hacia la lengua- y las superiores -hacia el paladar-, colocando el cepillo en posición vertical.
“El cepillado de la noche es el más importante porque pasamos mucho tiempo con la boca cerrada y disminuye la cantidad de saliva. En particular si la dieta es rica en azúcares, eso dispone aún más a las caries”, agrega.
Leiva, por su parte, explica que el método que usemos depende de la edad, de uno a tres años se utiliza la técnica horizontal -arriba y abajo por un minuto-; hasta los seis años se aconseja la técnica de Bass: se pone el cepillo a 45º tocando la encía haciendo movimientos de barrido en esta zona.
Cepillo: cómo elegirlo
Las especialistas coinciden en que debe ser de cabezal pequeño, con cerdas semi blandas, rectas y estar todas al mismo nivel. “Los cepillos siliconados o dedales sirven para masajear las encías, pero no para remover la placa o hacer un cepillado mecánico correcto, por eso cuando aparecen los dientes es importante usar el cepillo y la pasta dental”, indica Campos. Asimismo, aclaran que para saber cuál es la dosis necesaria de pasta dental hay que dividir el cepillo en cuatro partes y colocarla solo en una de ellas. Además, recuerdan que no se debe mojarlo antes ni después de colocar el dentífrico puesto que diluye su concentración de flúor.
(Producción periodística: Guadalupe Pereyra)